EL HILO DE LA IMAGINACION

      Memoria, cognitividad, cerebro, masa encefálica, cerebelo, bulbo raquídeo, dendritas, neurona, masa gris, pómulo frontal, hipófisis, generador izquierdo y derecho. El margen de estas palabras envuelve todo lo que hoy conocemos como Inteligencia. Una capacidad única y distintiva del
ser humano. Hemos avanzado, pero la capacidad misma en razón de la inteligencia que hemos alcanzado, no sé si denominarla Retraso. Una capacidad única y distintiva también del ser humano, en razón de su supervivencia. Hemos pagado un gran precio por decirse de nuestros logros y avances en la era moderna que vivimos.
     
      No obstante, el absurdo rincón de la naturaleza no descarta sus heridas. Ella está aprendiendo a vomitar el daño colateral al que la hemos inducido con nuestros tóxicos gases de inteligencia industrial.

    Pero, ése no es el punto. Tan solo una instructiva parte del eslabón con que hemos venido diciendo que ya alcanzamos promesas y victorias frente al pasado que teníamos. Más, no es así. La evolución humana emprendió su trascendente desafío al creer que podía dividir sus facultades para estudiarlas una por una. Ciertamente, en el estudio se conservó el análisis apropiado para conseguir entender las propiedades de la materia, la naturaleza, la vida, el entorno, la sociedad y, por último, la ciencia de lo desconocido.

    Siendo así que, todos valemos por lo que conocemos. El universo no me paga por escupir estupideces, pero la tierra sí. Nos valemos de un conocimiento que parece dominar al universo y muy bien sabemos que esto no es nada comparable. Quiero explicarlo de un mejor modo posible.

    El que dibuja, el que construye, el que crea el plano, el que investiga, el que es pintor, el que es escritor, el que es científico, el que es metafísico, físico, político, religioso, botánico, carpintero, vendedor, mecánico, obrero, campesino, limpia zapatos: todos son iguales.

    La energía que se desplaza para la reestructuración adquisitiva de un determinado objetivo, es la misma que se genera en el núcleo. Si partimos de un enfoque, a modo de premisa, tomaremos al que parece más simple de todos los elementos artísticos que he mencionado: El Limpia Zapatos. Un limpia zapatos cualquiera, que no se empeña en su tarea, podría ser considerado tonto; pero uno que toma como base el concepto de la dedicación y fomenta en su cerebro la idea para lograr con ella montar un programa que encienda cada partícula de sus neuronas, podría llegar a reactivar su impulso electromagnético configurando la física y la estadística, haciendo converger estas dos materias en fases elementales junto a la encuesta, venta, química y, por último, la sociedad. Todas estas ramas crean un único vínculo que al hacerla fraternal nuevamente, pues pueden hacer de un limpia zapato el más prolífico limpia zapatos del mundo. Imagine un escritor, un analista, alguien que invierte, que presta, que dibuja, que construye, que enseña. Es a lo que llamo: El Hilo de la Imaginación.

    Todas nuestras cualidades y dones están clasificados por separados, pero tienen un mismo propulsor. Digamos que es el Espíritu de la vida, digamos que es el cerebro. Pero al final del día, no existe el fracaso, existe un intento infructuoso por causa de impulso. No empujamos bien, ahora no ha nacido la idea. No hemos pujado adecuadamente, por ende, ha muerto la vida, la criatura.

    Todos tenemos el talento, todos nos encariñamos con un talento específico. Por eso el panadero no es carnicero, pero si quisiera serlo, también podría. No está en su ADN la inspiración por los panes. Eso no es genético. Existe el comportamiento y existe la sobrevivencia. Para el comportamiento sí tenemos genes que conforme actuamos, pues nos predeterminan; pero no para sobrevivir. Ahí entra la chispa de la Imaginación. Y conforme al famoso Albert Einstein, digo: La imaginación es primero que el conocimiento.

    La Imaginación es un estado separado de la inteligencia porque está reducida a su capacidad de coordinación. La imaginación es producto de la chispa de la vida. La imaginación es lo más próximo al alma, la esencia vital, el efluvio, la causa de que podamos mover este cuerpo material. Por tanto, no es para menos que se le considere antes que el conocimiento. Pero por conocer, tampoco llamamos a eso inteligencia. Inteligencia es la propiedad organizada de dirigir a la imaginación. Digamos que es la única parte de la imaginación que se puede manipular para corresponder a mejores situaciones. Si por la energía fuera, continuaríamos luchando entre nosotros como salvajes hasta eliminarnos por completo. Puesto que, la energía jamás se destruye, sólo cambia, pues le da lo mismo el resultado.

   El hilo de la imaginación es perpetuo. Lo que otros hacen para su crecimiento profesional, yo también puedo hacerlo. Nada está fuera de mis posibilidades. Yo todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Podemos tener más dones del que nos han inculcado creer que podemos tener. No sólo uno, sino uno en masa. La compensación de un cuerpo completamente formado se debe a la unión de sus miembros. Por eso, si decimos estar formando un cuerpo, es hora de que forjemos sus miembros a regresar a su lugar. La vida está llena de talentos, pero podemos estudiar y abarcar cada peldaño de la vida conjuntamente. Podemos aprender de cada elemento propiciado por la naturaleza para conseguir trabajar de forma edificativa nuestros logros.

   Da Vinci lo sabía muy bien. Es uno de los pocos personajes de la historia que logró dominar varias técnicas de inteligencia al mismo tiempo: Inteligencia Múltiple. La capacidad de alcanzar desarrollar fuentes separadas para unificarlas al final es el objetivo más claro para cualquier ser humano. Pero la imaginación se interpone, porque ella es el núcleo que compensa con energía las herramientas forjadas para la coordinación del intelecto. Así es como se sustenta la cognitividad y así es como dominamos la naturaleza en forma espléndida, sin que su estado corrupto nos lleve al caos, sino al orden.

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